jueves, 16 de mayo de 2013

Crónica. Séptimo festejo. San Isidro 2013

Plaza de toros de Las Ventas. Madrid, 15 de mayo de 2013.
Séptimo festejo de la feria de San Isidro.
Recuerda a José Mari

Por Paz Domingo
Después de varios intentos se presentaba en Madrid el hijo torero de Ángel Teruel. El confirmante resultó muy estético, muy deseoso de realizar un discurso lucido, a veces hasta pulcro en estas nuevas lides del toreo aéreo, con un animal que se prestaba a esa presunción sin apreturas en la superabundancia de pases. Recordaba en mucho a la estética preciosita de José Mari Manzanares, a su admirable facilidad para ejecutar las suertes sin rastro de incomodidades y desarrollar esa fórmula mágica de la ligazón sin mandatos que tanto saborea el público, tanto como cuestionan los más aficionados. Pues bien, parecía el hijo de Ángel Teruel, de igual nombre, una reproducción del torero alicantino en maneras, en estética, en concepción y en resolución. Por supuesto, le falta la experiencia para resolver y taparse, el trasiego por las múltiples plazas y las aventuras en los nudos gordianos de la fama que se gestan en las agencias de publicidad.  

Precisamente, en su segunda actuación, se le vio la peor de las deficiencias y que es saber solventar como se pueda. El animal fue tan descastado como mansurrón, pero en definitiva tenía su lidia y su sujeción. Pues ni lo uno ni lo otro. Al aspirante a figura del toreo le desbordó la complicación que significa la práctica aunque se le agradeció que no traspasara la frontera del ridículo escénico con recurrentes desplantes de ferial cómico. 

La tarde estaba entregada a Miguel Ángel Perera. Muchos aseguran que ha vuelto por sus fueros de otros tiempos. Afirman que realizó el toreo de profundidad. También dicen que fue una faena intensa. Bueno, pues con todas las precauciones del mundo, parece que no fue para esta ponderación. Quedó el maestro arrollado en el primer tercio por un error suyo de apreciación cuando, a la manera funcional, esperaba zafarse echando al novillete de hechuras a las afueras con el capote al bies. Todo el mundo comete errores y sufre accidentes, pero los de Perera en este atropello no fueron por adelantar pierna con intención de parar la embestida y mandarla. Se hizo un ‘autoquite’ dejando al público entregado por tan poderosa heroicidad. 

Y aconteció el éxtasis alucinatorio. En mi visión ilusoria se sucedían imágenes deformadas. Al animal le tenía por una hermanita de la Caridad tan bien educada y encantadora como las damiselas coquetonas, vivaces y sin conversación arriesgada. Veía a un hombre descomunal en altura que se superponía a un ser muy inferior. Reconocía a un personaje fuera del hilo argumental de la verticalidad; sin hazañas; ceñido al milímetro en la rutina; nunca intentando penetrar en los centros terrenales; ejecutando el chotis hacia atrás con pierna mecánica; incluso sin creerse la felicidad que produce tanto destoreo robótico. 

La estocada cayó tendida y muy trasera. Pero el hombre se trasfiguró en un dios para dejar perplejo a todas las deidades que desde el Olimpo taurómaco juegan con los designios taurinos y, muy celosas las omnipotencias en la materia, le dieron un empujón en el trasero al moribundo animal para levantarle como un Neptuno emergente de las aguas. Allí quedaron ambos, aumentados en mundos oníricos: el hombre con una oreja como triunfo y el buenazo del toro escondiéndose para que no le usurparan la otra.

Pues lo mismo, según mi modesto entender, realizó al segundo de su lote. El horno estaba dispuesto para toda la bollería de un día de feria, pero el toro no era tan buen bailarín, la masa se puso algo dura y el maestro repostero se quedó con la merienda a medias que, aunque le satisfacía, le supo a poco. 

Castella estuvo en lo suyo. Es decir, en esa manera propia tan fría, mecánica, ininteligible. Le tocó el peor lote, es cierto. Pero con este torero es muy complicado averiguar si el resultado obtenido, siempre el mismo, es consecuencia de sus mecánicos empeños en las faenas o sus idénticos planteamientos para comenzarlas, desarrollarlas y concluirlas. Esto tendrá mérito, incluso algunos se lo valoran enfáticamente, y seguirán haciéndolo, porque el diestro, aun a pesar de haber cambiado de repertorio relgando los estatuarios iniciales, que ya cansaban en exceso, pues ahora le da por preparar la faena en el centro del ruedo -sin contar si la plegaria se la ofrece a la Inmaculada o san Antón-; porfía en los parones encimistas desde el segundo cero; echa el toro a las afueras a base de tirones; y sucede tandas idénticas en variedad y reconocibles en aburrimiento.

Plaza de Las Ventas. Madrid, 15 de mayo de 2013.
Festividad de San Isidro Labrador, patrón de Madrid.
Presidente del festejo: Trinidad López-Pastor.
Toros de Alcurrucén: De muy justa presencia. Bajos de agujas, con pitones de los que crecen enfundados, y con una casta funcional: sosa, insulsa, colaboracionista en el recorrido giratorio. Algunos parecían que eran mansos pero poco importa si lo eran porque tanto anodino comportamiento confunde a cualquiera. A ninguno se le dio una vara en condiciones ortodoxas. Bueno, ni de las otras tampoco.
Sebastián Castella: pinchazo (en realidad metisaca para rectificar) y estocada (silencio); pinchazo, bajonazo, aviso (silencio).
Miguel Ángel Perera: estocada trasera y muy tendida (oreja); estocada trasera y caída, rueda de peones (ovación y saludos desde el tercio).
Ángel Teruel: -en el toro de su confirmación- estocada casi entera, algo contraria, petición de oreja sin unanimidad (ovación y saludos desde el tercio); pinchazo hondo y descabello (silencio). 

Un par de notas. Buenas actuaciones de Javier Ambel (de cuadrilla de Castella) y de Joselito Gutiérrez (de Miguel Ángel Perera) en el tercio de banderillas al 2º y 3º, respectivamente. Parece que los veedores de la plaza madrileña están haciendo un trabajo de reconocimiento y selección en las dehesas bastante parejo y ajustado porque todos los animales que aparecen por chiqueros salen en la misma proporción, comodidad de hechuras y comportamientos colaboracionistas. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Crónica del sexto festejo. San Isidro 2013


Plaza de Las Ventas. Sexto festejo de la Feria de San Isidro 2013.
Toros del Puerto de San Lorenzo para los diestros López Simón, que confirmaba alternativa, El Cid y Daniel Luque.
Madrid, 14 de mayo de 2013

Gris casi plomo

La tarde tuvo poca escala de grises. En plomo estaba el cielo, intenso y condensado, que se mezclaba a ratos con rachas doradas. En plúmbeo también los matices toreros de la torería protagonista. En realidad, hay poco que decir de un festejo pasado por chubascos que dejó el cuerpo molido en la fría intemperie. Salvo que El Cid hubiera podido lucir su poderosa mano izquierda sin igual pero insiste en la mecánica extensora en las afueras sin dominio de sí mismo. Que Daniel Luque manifiesta muy bien su arrojo juvenil, su aire desafiante, su descafeinado toreo siempre muy escaso de poder. Que al confirmante López Simón le venía grande el traje marengo tejido con lana del taller de los atanasios pero que gracias a su porfía reconocimos en el desfile la única buena prenda que había cosido el sastre. 

Los atanasios del Puerto salieron poco en leyenda. Venían más mansos que nunca; Más desorientados de lo habitual; más ajustados de hechuras; más apropiados para tareas cómodas; más flojos que de costumbre; hasta el punto que sorprendieron porque hubo dos que eran auténticos carretones con muchos pies pero tan descompuestos, tan descastados, tan insulsos como el resto. Ambos animales les tocaron en sorteo a las figuras que dejaron la tarde como estaba, es decir, en nada. Las faenas se repitieron. Señalamiento en las varas; destoreo para el aprovechamiento de las rápidas embestidas de los locos animales que correteaban alrededor de la muleta con la misma fijeza que lo hace un tiovivo; brazos ortopédicos que extienden trapo como si fueran banderines en un circuito; preferencia por las afueras perfileras; la insistencia del cuerpo ladeado que cita en oblicuo y la muleta hace muro. Bueno, pues así todo el rato. El Cid lo tenía más fácil precisamente porque tirando de maestría recurrió a su mano izquierda para hacer repertorio mientras relegaba aquella extraordinaria facultad suya a una juerga desmesurada sin ton ni son. La mano incorrupta se trasformó en ortopedia barata con naturales del revés, los mismos de los que dicen disfrutar mucho los postineros de la modernidad. Mató a la manera garrafal y comenzó el frenesí del chubasco dejando esa hipotética fíesta en lo que realmente era: agua de borrajas. Lo mismo había hecho Luque con el toro que hizo tercero en el orden de salida de los chiqueros con mucho teatro en los medios y ningún mando en la ejecución. También remató de aquella manera. 

López Simón se llevó el cuerpo dolorido después que el mansurrón animal de su confirmación se lo echara a los lomos con terrible encontronazo en el primer cite. Solamente se le puede ocurrir a un inexperto llamar a un toro certero en la mansedumbre al hilo de las tablas y desde las distancias. Pero así ocurrió. Después no se hizo con el atanasio que a fuerza de enganchones desarrollaba cabeceos e imposibilidades para sujetarlo. Sin embargo, lo más meritorio de la grisacea tarde lo compuso en el sexto. Cosa sin explicación, pero López Simón le plantó cara al manso de tomo y lomo sin mucha técnica aunque aprendió que el áspero traje también se abrocha hacia el mismo lado como los demás. Cuando se cruzaba, cuando exponía, cuando retaba, el animal humillaba, recorría, pasaba y después se rajaba. Vimos a destellos la composición del encaste atanasio que sin ser tela preferente entre los caballeros sí es posible domar la dureza del apresto. Y se vió gracias a las dudas de un advenedizo sin recargados recursos toreristas pero que con tanta ingenuidad enseñó la condición del animal y de paso en qué consiste la grandeza del arte de lidiar toros cuando se les desafía con potencial verdadero.

lunes, 13 de mayo de 2013

Crónica Cuarto festejo de San Isidro 2013

Plaza de toros de Las Ventas. Madrid, 12 de mayo de 2013.
Cuarto festejo de la feria de San Isidro 2013

Imagínese que esto es Francia

Dicen que en Francia se dan corridas de toros como deberían ser, con ganaderías solventes en potencial genético bravo, variadas en encastes, fuertes de fama y tronío entre todas las que abundan; con la resurrección de la suerte de varas realizada con los cánones ortodoxos de las distancias, ejecuciones y sucesivas entradas; con la presencia de los diestros en función de su vocación, maestría y resolución. Dicen que son los empeños de los aficionados los que exigen sencillamente que esto se cumpla así. Dicen, también, que el país vecino está viviendo su particular edad de oro de la tauromaquia, que la fiesta de los toros se refugia en sus tierras sureñas, que son muchos los que emigran al país vecino en busca de la emoción ya perdida en nuestra patria; y que no hay crisis del espectáculo, ni de la fiesta, ni de gustos, ni de posibilidades.

El cuarto festejo de la feria taurina más trascendental – madrileña, no lo olvidemos- podría ser uno de los carteles preparados en tierras galas. La expectación entre los aficionados no distingue de fronteras pero la realidad es que algo se confabula aquí o allí. El caso es que todos tenemos el mismo material genético heredado del simio y evolucionado en razonamiento. Varios ejemplos. El ganadero Escolar es una apuesta segura en la Galia torista. Los diestros que hicieron paseíllo en la tarde de ayer se han consagrado en héroes verdaderos por aquellos territorios. La suerte de varas no sabe de fronteras pirenaicas desde que los compendios taurómacos describieran su importancia para la lidia de toros bravos. Entonces, no entiendo que en la bella Francia se pueda hacer y aquí no. ¿Son más guapos? ¿Tienen mejor gusto? ¿Pagan mejor? Si alguien lo sabe…

Si usted estuvo en esta tarde dominical en la plaza de Madrid constatará, quizá sorprendido, que no se produzca algo relumbrante cuando hay toros, toreros y afición, circunstancia que parece darse como incuestionable en el terruño francés. Extrañeza provocó el ganadero Escolar con un encierro de mucha nobleza, sin asperezas, sin mucho tipo descomunal, sin bronquead, sin sobreabundancia de fuerzas. El potencial de los animales era justo, aunque sobrado de casta, pero no sé qué les vieron los jinetes que visten castoreño y armas toricidas para practicarles la sapiencia moderna del deslome en monopuyazos. Los toros se quedaban parados muy pronto en las faenas a pesar de fabulosa humillación y suavidad de las arrancadas. Pero, -y aquí viene la extrañeza- los oficiantes toreros tomaron demasiadas reservas, porfiando en los terrenos perfileros, en los muros de la muleta, en no bajar la mano, en cortar las embestidas, en frenar la posibilidad de mando, en los arrimones innecesarios, en algo así tan certero como que aplicaban la técnica fajadora cuando se imponía el torero cruzado, con dominio bajo, con remate atrás.

Esta incomprensión de lo que acontecía en el ruedo condujo a la confusión en los tendidos. Estaban los que lo tenían claro y protestaron lo suyo, sobre todo cuando los matarifes a caballo dejaron la firma de la suerte horripilante. Y estaban los que veían la porfía de algún diestro en un triunfo para cortar apéndice. Sé que no puedo acercarme ni a unos ni a otros y me arriesgo a contarles lo que vi. Yo vi que Rafaelillo no estaba allí. No supo mirar de frente a un nobilísimo animal que le demostraba fijeza y cualidades de manos bajas y terrenos que superar. Hipnotizados los protagonistas, según sus circunstancias, hicieron tablas a la par. Uno en los adentros aburridísimo de tanto freno con la muleta; el otro estancado en la simulación. Pero las vergüenzas de este torero, fajador de otros momentos, quedaron expuestas en la irrealización de su segunda anti faena. ¡Tienes un toro!, le decían. Y lo tenía. Y se lo dejó inédito por un inmoral tesón en esconderlo, de un desconcertante afán por parar su embestida y de una inquietante desazón cuando la felicidad se esfuma. ¡Y cómo mató el maestro murciano! Ni en sus peores sueños, ni en los nuestros, sería posible tal ejecución.

Arrastraban a este cuarto encastado animal con aplausos, cuando al público aficionado le dio por pensar en lo buena gente que era después del nivel de falta de competencia en esta corrida cuya complicación se trataba de aguante y de colocación certera. Así que cuando los picadores del quinto y sexto ejemplar salieron al ruedo con sus armas asesinas se manifestaron las protestas. Por supuesto que los jinetes se las ganaron a conciencia porque sus actuaciones parecían dirigidas a la sincera provocación. Pues bien, cuando arrastraban a este cuarto animal ya se habían consumado las posibilidades para los tres hombres. Alberto Aguilar, y algunos otros asistentes, manifestaban su contradicción porque no le concedieron un triunfo en la presunta faena que consistió en dejar sin picar a su entregadísimo y flojísimo ejemplar, en confundir el temple con acelerones al principio y cautelas después, en no seguir con el breve intento de bajar y correr la mano. Después, con la tarde terminada, insistió en las probaturas y, sobre todo, en las irresoluciones con un animal soberbio de estampa que fue recibido con aplausos y despedido inédito al desolladero.

A Fernando Robleño le he dejado para el final sin otra razón que el hacer una conclusión de lo que en definitiva fue este complicado análisis. Le protestaron mucho al diestro la faena que desarrolló al segundo de la tarde. La gente vio más la codicia del animal que la dificultad que iba adquiriendo a medida de la lidia. Pero Robleño fue generoso, muy generoso. Dejó unos ayudados soberbios de inicio y, después, cuando le asaltaban las dudas, la falta de entendimiento y la maestría del hombre experimentado, mostró su corazón abierto mientras que los aficionados preferían la grandiosa condición del animal. Bueno, al torero le faltó exigir más tino y esmero a los picadores en vez de sendas actuaciones ingratas realizadas como una vara descomunal a su primer toro y dos deslomes impresentables a su segundo, al cual Robleño le aguantó poco, retrasó la muleta y tiró la toalla de mando ante las protestas del citado toro y, también, las del público que veía más posibilidades de toreo que los propios maestros.

Toros de José Escolar: En general bien presentados, más justos los tres primeros y más correctos los siguientes. Algunos en pura morfología ‘asaltillada’. Fueron encastados, muy nobles, con fijeza, con recorrido y humillación. Todos se fueron inéditos de ejecución y mal picados. 3º y flojos y 6º más bronco. El 4º fue aplaudido en el arrastre.

Rafaelillo: estocada que hace guardia (silencio); pinchazo, estocada desprendida y tendida, aviso. Fernando Robleño: aviso, estocada caída y tendida y en el estertor de la muerte desarmó y persiguió al diestro por el redondel (saludos desde el tercio); Bajonazo en la paletilla (silencio). Alberto Aguilar: estocada contraria perdiendo los trastos, algunos pañuelos de petición de oreja que terminaron en saludos desde el tercio; pinchazo y estocada caída y tendida.


viernes, 10 de mayo de 2013

Crónica. Primer festejo de San Isidro 2013


Plaza de toros de Las Ventas. Primer festejo de la Feria de San Isidro 2013
Diego Urdiales, Leandro y Morenito de Aranda con toros de la ganadería de José Luis Pereda, anunciados como La Dehesilla.
Madrid, 9 de mayo de 2013

Tristeza

Por Paz Domingo
No siento otra cosa, aunque no puedo asegurar qué me pesa más en el ánimo: si el desconsuelo de ver tanto desatino premeditado por parte de los responsables taurinos que planifican estos bodrios taurómacos a sabiendas de que son bazofia, aunque presuntamente rentables, o si mi dolor no tiene remedio, entre otra salvedad porque no veo a nadie de estos gurús mencionados que esté por labor verdadera de poner a flote la tabla de salvación. Estoy por confesar que lo que me pide el cuerpo es la deserción porque este romanticismo de seguir en el enamoramiento por la fiesta de los toros no alienta en mí nada más que un terrible ataque de cuernos.
Y parece que en esta desafección no estoy sola. Consuelo de tontos, es cierto, pero no se gana el cielo bienaventurado ni por fantasía ni por practicarla en abundancia. Allí continúan algunos de los compañeros de abono y tendido, de muchas temporadas, con el arrojo espiritual que da pena; Allí estaban los mismos responsables incapaces de dar la cara, de exponer sus vergüenzas y de admitir que los demonios toman el té a las siete de la tarde. Allí se encuentra la desidia de esos ganaderos que alimentan seres descastados haciendo de la emoción una posibilidad inerme. Allí canturrean los voceros las excelencias de tanta mentira. Allí, sí allí, en el trascendental cogollo del buen ejemplo en la fiesta que se agota.
No quiero aburrirles con mis cuitas. Que ya bastante cansados estamos. Pero para hacer esa reseña me sobran todas las notas que tomé de este primer festejo. Hasta un título tenía: ¡Las dan todas al lado!  Y es que de sesgo iba la tarde. Los tres matadores de fama solvente anduvieron perfilados en resolución. Unos más que otros, pero eso poco importa en la inercia del desastre. Por no hablar de los hipotéticos animales aptos para ser lidiados que se sentían jabatos en la circunvalación del el albero, que se defendían con arreones, que resaltaban sus insustanciales maneras. Descastados todos, no provocaban el lucimiento, por supuesto. Alguno tenía su faenita. Alguno era exigente con sus apetencias terrenales y fueron arrastrados por las calles de la indefinición absoluta. Todos se fueron incólumes con sus malas entrañas al desolladero oficial después de llevarse puestos sucesivos sartenazos en las zonas blandas -que serían pudendas en otras circunstancias auténticas y bravas-. Hubo algún detalle por parte de unos pocos y contados hombres que intentan a la desesperada poner algo de vergüenza torera, pero como digo poco importa ante la magnitud de la pesadumbre.  

martes, 22 de enero de 2013

Inviernos taurinos de la Peña El Quite de Logroño


Filosofía torera y aficionada

Este pasado fin de semana, en una tarde de enero, con temporal en toda España y el Ebro por tierras norteñas peleándose con la rivera para mostrar toda su exuberancia impulsiva, anduve por la hermosa tierra de La Rioja. Los aficionados de la Peña Taurina El Quite de Logroño me propusieron acudir a sus Inviernos Taurinos, y que este año tenía un marcado carácter femenino. Me tocaba abril este cartel singular, en el que me acompañarán los próximos sábados (26 de enero y 2 de febrero) Marta Elena Alonso de la Varga, profesora titular del departamento de Producción Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León y la periodista Gloria Sánchez Grande.

Es muy grande mi gratitud a todos los se acordaron de mí para debutar en estas tierras hermosas, pero mucho más grande es mi satisfacción porque soy verdaderamente feliz en el contacto cuerpo a cuerpo con la torería, valentía y sabiduría de que está hecha la verdadera esencia de los aficionados al mundo de los toros. Parece un poco cursi, pero os puedo garantizar que yo lo valoro sencillamente porque hay muchos motivos para aprender en esta experiencia. El aficionado está dotado de una maravillosa generosidad, siempre entregado a no considerar el esfuerzo, el tiempo, el bolsillo y hasta la climatología más adversa, porque sabe que ello engrandece su espíritu. Y de paso el de los demás.

El quite de Logroño es una asociación compuesta por muchos amigos y cuarenta socios –en la actualidad- y que este año cumplirá treinta años desde su fundación. Tengo un ejemplar del libro conmemorativo de la edad de plata de esta peña taurina escrito por Pedro María Azofra –y prologado por Paco Camino-  en el que se repasa gráficamente orígenes, viajes compartidos, premios, homenajes, toreros de la tierra, detalles, recuerdos… y su pasodoble con letra de Jaime Ruiz Hernández y música de Fernández Rojas.


Elegí para mi intervención una figura histórica, mujer y torera, lejana en el tiempo y pura anécdota en el universo de la tauromaquia. Se trata de Conchita Cintrón, la diosa rubia del toreo, la mujer más elegante de cuantas hayan pasado por los ruedos. No pretendía hacer una cuestión de género para argumentar mi elección, precisamente porque hay otras muchas mujeres que se enfrentaron en iguales o peores situaciones en este mucho tan varonil. Pretendía recordar un libro que me sedujo por la revelación a que me llevó en una noche de invierno. Recuerdos, de la torera peruana, es sencillamente un canto hermoso, estupendamente escrito, de una vida bien vivida y bien contada. ¿Qué pasa por el corazón que una niña inteligente, hermosa y segura en su bienestar querer ser torera? ¿Qué –o quién- hace de nosotros buscar incansablemente nuestro destino en los amores toreros? Mi intervención al final salió exageradamente larga y pido miles de disculpas por no haber sabido medir los tiempos, un factor decisivo para los toreros, como bien sabemos los aficionados. Para los que quieran recordar esta figura tan lejana de la tauromaquia y del recuerdo, o incluso cotillear mi nivel de exigencia y estudio sobre la torera, podrán hacerlo a través de las siguientes entradas en este soporte digital.

Pues eso. Como les decía, en cuestión de afición, una cosa lleva a la otra, un hombre lleva a otro. Sin historia no hay presente. Sin afición, sin aficionados, sin gente generosa, se acabará pronto este mundo de toros. Muy pronto. Se necesita el nervio de estos hombres y mujeres, espléndidos en su naturaleza, entregados a las mil aventuras, a la charla amena de los amigos, al buen vino, a la fortaleza del toro de lidia y al más hermoso y puro de los mundos. Gracias amigos, Alejandro, Paco, Félix, Daniel, Miguel, Luci, Maripaz…, a todos, y especialmente a Pedro Mari Azofra. Este homenaje va por todos. ¡Viva la afición torera! ¡Viva la hermosa tierra riojana!

Todos sus componentes
tienen garra y gran solera
para ellos son fieles
a su filosofía torera

(del pasodoble Peña Taurina El Quite)

En twitter: @elquitelogroño

lunes, 3 de diciembre de 2012

El asunto es no mojarse


Parezco tonta. Les cuento. En la noche del domingo las radios taurinas exponían un debate sobre la cubierta, o tapadera, que ya están colocando en Las Ventas, la primera plaza del mundo si de toros se trata. Pues piqué. Me quedé a oír qué pasaba. El argumento, según parecía, era reclamar la opinión de los oyentes sobre la techumbre tan sicodélica y si los aficionados estaban de acuerdo con ver toros bajo tan preventivo armatoste. Todos los testimonios a favor de la plataforma volante se sostenían en que era más cómodo, es decir, que se está más calentito, no te mojas si llueve y permite no perderse las faenas por culpa de las inclemencias del tiempo.
Una servidora, que como les digo, es muy tonta, ha hecho su encuesta particular entre los conocidos más o menos cercanos –taurinamente hablando-. Pues, ¡qué quieren que les diga! Que no hay uno solo de los que me han dicho –verbalmente- que están a favor de este atentado estético y que sean asiduos a las corridas de toros. Es decir, que ven los toros por la tele y muy calentitos desde sus silloncitos. Aunque, eso sí, son muy altruistas con los demás, con los que sí vamos a las plazas, con los que sí pagamos en taquilla, con los que sí tenemos un compromiso presencial y taurómaco. No me digan que no es casualidad, que tampoco conozca a ninguno de todos los personajes sufridores de las “asperezas y molestias de la intemperie” que quieran sobre sus cabezas este insufrible paraguas anti-todo. Anti-estético. Anti-humano. Anti-salubre. Anti-decente. Anti-dos dedos de frente.              
Las respuestas más formidables al respecto no puedo pasarlas por alto. Las mejores, según mi criterio, eran aquellas sustentadas por “los que son de la opinión de” dar una oportunidad a los promotores del invento para saber si funciona. ¡Vaya que si funciona! Ya les digo yo que no hay nada que mejor funcione que un atentado en toda regla. Y si acaso hubiera contratiempo humano, o divino, allí está Dios todopoderoso para crear un nuevo mundo en seis días -sin descando, por supuesto-.
Por cierto, hablando de reglas, nadie -en los programas que me detuve- se cuestionó que las obras de tan generosa iniciativa protectora se hayan comenzado sin licencia; que no exista informe de Patrimonio de la Comunidad para cargarse estéticamente, legalmente y socialmente un monumento por el cual pagamos, demandamos respeto y admiramos para que siga siendo tal y como se hizo antaño; que tan ingenuas mentes crean que esto se hace por nuestro bien, para que los pobres desgraciados amantes de asunto tan anacrónico no nos mojemos. De poco beneficio, señores, nada de nada. De beneficio, todo. A arrasar, que es lo que toca. A reinventarse el Antiguo Testamento. ¡Faltaría más!

domingo, 2 de diciembre de 2012

¿A cuánto está el metro cuadrado de multiuso?







El pasado día 29 de noviembre, el Presidente de la Comunidad de Madrid hacía el paseíllo en Las Ventas acompañado de los gestores del coso taurino, varios periodistas y algunos responsables de la empresa que acomete las obras para poner una cubierta al coso taurino. Entre andamios, grúas, grandes amasijos de aluminio, Ignacio González realizaba un discurso señorial sobre las excelencias que representa la techumbre desmontable para que la plaza de toros de Madrid se convierta en “multiusos”. Con todas las precauciones del mundo, con todas las reservas si es posible- porque de grandes finanzas somos muchos los que pretendemos entender-, me pregunto: ¿A cuánto está el metro cuadrado de espacio multiuso?, para que se defienda tan consentida rentabilidad.

Sin embargo, algunas explicaciones han quedado suspendidas -también en el aire- en este “proyecto de cubrición del Monumento”, según la definición que se hace de la grandilocuente obra en la web de la Comunidad de Madrid -en la página de los actos públicos del presidente-. Por ejemplo, el informe que (presuntamente) debe haber elaborado Patrimonio y que debería ser definitivo para proceder a cualquier plan de remodelación, mejora o conservación de la plaza de toros, al tener La Monumental de Las Ventas condición de Bien de Interés Cultural desde 1994, “recibiendo con ello una especial protección”. Dicho informe debería haberse dado a conocer a los medios, incluso que alguno de los informantes presentes en el acto hubiera preguntado por él. En el mencionado texto de la página web se asegura que al proyecto se ha dado el visto bueno porque “respetará la imagen del monumento”, “que no será visible desde el exterior”, y “no interferirá en la temporada taurina, puesto que se montará una vez finalizada la temporada de festejos y se desmontará justo a tiempo para que dé comienzo una nueva. De esta forma, la Comunidad cumple con las premisas que requiere la condición de BIC”. La pregunta es: ¿Eso es lo que se considera “protección especial”?

Por tanto, ¿hay, o no hay, informe de Patrimonio de la Comunidad al respecto? Si lo hay, con las explicaciones que se hacen en el texto oficial parece deducirse que no se han encontrado obstáculos que consideraran desfavorable anclar una cubierta de “160 toneladas de peso, 102 metros de diámetro y otros 276 de altura máxima compuesta por vigas de aluminio y varias capas de lona de PVC que irán sustentadas en bloques de hormigón” porque “respeta la imagen del monumento” y es desmontable cuando tengan que darse los espectáculos taurinos. Es decir, la bula papal que se tendría que pedir para poner un tornillo desde un andamio colocado a seis metros de distancia para no dañar la estructura de un monumento BIC, ha pasado a ser un sermón parroquial de misa de ocho. O mejor, que 160 toneladas de peso van ancladas con una simple taladradora sin percutor ni vibración. Y más aún, no se sabría si es más preocupante que hayan pasado por alto la elaboración del supuesto informe o haberlo hecho dando el consentimiento a la techumbre de aluminio con lonas de PVC de ¡160 toneladas! (También tendrían que explicar qué es eso de 276 metros de altura máxima, porque seguro que algún mal pesando ya estará confundiendo la horizontalidad con la verticalidad, la Torre pendente di Pisa con la Liberty Enlightening the World).

No superado el escollo burocrático, se acomete el taurino. El presidente –muy torero, por cierto, ya que los ‘asuntos taurinos’ han dependido de él directamente en los años que ha sido vicepresidente- ha asegurado que la cubierta se desmontará cuando empiece a temporada taurina y volverá a aparecer cuando termine, aunque este arte de magia se prolongue varios días (alrededor de ocho en ambos sentidos) y omita –porque no lo ha detallado- cuánto va a costar tales maniobras estructurales. Si no se desmonta la cubierta durante las ferias importantes taurinas significa que los empresarios de Madrid pierden la mitad del aforo puesto que la cubierta está anclada en las últimas filas de los tendidos altos, y deja fuera las gradas y las andanadas. El asunto a dilucidar sería muy tentador para los empresarios: Como las entradas y abonos de las zonas altas son las más económicas, ¿merecería la pena –en euros, claro- proceder a la instalación de grúas, operarios, camiones, traslados y almacenes en los montajes y desmontajes tan complicados dos veces al año si fuera más costoso que renunciar a la venta en taquilla de las localidades mencionadas? La temporada taurina se aseguraría, insiste el presidente de la Comunidad, pero debe especificar por cuánto, por quién y por dónde. ¡Ser, o no ser, es la cuestión!


A continuación, se habla de la gratuidad. Asegura el presidente González que las obras no van a suponer ni un solo euro para los madrileños. Bueno, esto será con matices, por supuesto. Vamos por partes. Desde hace siete años la Comunidad de Madrid, como propietaria de la plaza de toros, ha ofrecido en el pliego de licitación -en los tres sucesivos concursos públicos para su gestión- la facultad de gestión del coso a los arrendatarios en las actividades taurinas y para el resto de actos y espectáculos de cualquier tipo, es decir: no taurinos. Esta doble posibilidad en el arrendamiento se imponía desde la institución madrileña a cambio de un canon de cinco millones de euros, limpios de quebraderos de cabeza, y que en la última oferta del pasado año descendió a poco más de dos millones de euros. El descenso de ingresos en los espectáculos taurinos, consecuencia de esta crisis infernal, era la excusa para ofrecer un alquiler de saldo por tres temporadas con opción a dos más de prórroga.

Asegura nuestro presidente que el coste de la sicodélica techumbre corre a cuenta de los empresarios y de Warner Music (en virtud de un acuerdo entre ambos para organizar el espacio y organizar “actos culturales y musicales) y que asciende a cuatro millones de euros, cifra que se rentabilizaría (sic) en un año, con el 50% en los meses de invierno y el resto en los de verano. Alguien estará pensando lo tonto que es y no tener a mano este saco sin fondo, con la que está cayendo. Si tan rentable es el negocio, no se puede entender que no sea la misma Comunidad, como propietaria, la que acometa tal infraestructura y le saque todo el partido para paliar las ya maltrechas cuentas públicas, ahogadas en tantos recortes. Total, será la Comunidad, y de paso todos los madrileños los que costearemos de nuestro bolsillo, las licencias correspondientes a los eventos que se organicen, las medidas de seguridad -desde Protección Civil hasta los diferentes cuerpos policiales-, la limpieza de los alrededores, los equipos médicos y sanitarios preceptivos, el control de la circulación vial, los cortes de tráfico y el coste de las posibles irresponsabilidades en caso de catástrofe como la ocurrida hace un mes en Madrid y que ha puesto en evidencia a dónde conducen los subarriendos tan lucrativos.

No es por comparar. Se hace odioso. Lo sé. Pero no me digan que no se parece a un argumento de película serie subB. La propietaria de un soberbio inmueble baja el alquiler porque es muy sensible a los problemas mundanos de los ocupantes atosigados con el pago de las cuotas en una maldita crisis. No contentos los inquilinos con la medida piden más. Y va la propietaria y da el visto bueno para que los arrendatarios puedan utilizar la vivienda, acoger a los familiares para formar sociedad tripartita, disfrutarla sin que las cláusulas principales del acuerdo contractual se cumplan y rentabilizarla en todas las direcciones a discreción; hacer obras, destrozar la estética, cargarse el jardín, reformar el ático en espacio aprovechable y, sobre todo, montar fiestas de postín, a lo grande y con cargo a los vecinos de al lado. Pues, ya les digo, el viejo argumento de siempre. Un rollo.

Ahora, que puestos a pensar, ¿por qué no cubren la Plaza Mayor y la dedican en multiusos a las carreras de burros, que también como los toros están en serio peligro de extinción?; ¿por qué no trasforman el Museo del Prado en verbenas populares, aunque a la última modernidad, con pasarelas de modelos luciendo trajes típicos y con megafiestas de chocolate con churros para promocionar la marca España? ¿Por qué no exportan tan estupenda maniobra a La Maestranza, el Teide, el Cañón del Colorado…? No se pueden dar ideas…

Y no sé si esto les ocurre a muchos, pero es que últimamente me ha dejado de interesar las intrépidas aventuras que se venden como si fueran la conquista de la Luna, o el medicamento que cura el cáncer, o el peliculón que aún quedaba por hacer a los magos del celuloide. Total, ¿para qué? Para llevarte una decepción. Pues nada, ¡ale!, a callar, que calladita estoy más mona. Aunque, no deja de rondarme la pregunta, señor presidente, ¿a cuánto está el metro cuadrado de multiuso?